Sinobjetivación

La acción por sí misma. Los hechos por sí. No añadamos nada. Tampoco quitemos. Moveos. Continuemos. Y luego olvidar, porque no era el resultado. Tan sólo disfrutemos.

 

Hay un disfrute que está no en hacerlo sino en estar haciéndolo, que es distinto. Bien distinto. En hacerlo, nuestra cabeza está en el objeto, en el resultado. Todos los pasos se concatenan. La mente concentrada salta ha- cia un segundo más adelante que el presente. Imposible refrenarla en su condición vanguardista. Los ojos no ven lo que hay engañados por el paso siguiente. Nos asusta nuestra respiración. Porque parece que corremos irre- frenables. Haciéndolo estamos involucrados. Pero en estar haciéndolo, ob- servamos el proceso, como un alma que abandona el cuerpo que se mueve solo. Las manos moviéndose. Las manos fabricando. El material agitándose, desplazándose con vida propia. Las manos recortando, escuchando el corte de la tijera, suave, suave, observándolo como seres vivos que no son parte de nuestras extremidades, como objetos que de pronto tienen vida propia. El tiempo es justo presente y sólo vemos fascinados a todo lo que hay, es- tremeciéndose en el momento de crear. Palpitan las venas de la tensión, lo- grando que nos tiemblen las palmas. Pero, curiosamente, todo lo que rodea el acto, parece quieto, congelado, cediendo el protagonismo a las manos, a los pies, o a lo que sea que crea. Es lo único con vida, enérgico, de todo el escenario que somos. Crear es estar, creando o dejando hacer. Disfrutar del crear por el puro placer. Es el proceso, la ejecución, la acción de producir un evento lo que realmente construye la acción. El objetivo, a veces, es dañino. Cuando no nos deja estar en el presente, en el segundo instante del pre- sente. Cuando quiere acaparar todo el protagonismo del acto. Digámoslo, el objetivo es otro invitado, a veces pesado, a veces, prescindible. El recuerdo y la cultura implícita también quieren entrar a formar parte pero los hemos alejado del fuego que aglutina la acción. Los dejamos de espectadores. Dan vueltas alrededor, pero su tiempo será después. Ahora no hay sentidos, sino percepciones apticas en la piel.

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